El rechazo a la palabra NO.

¿Alguna vez te ha pasado que has dicho que sí, queriendo decir que no?

En ocasiones los adultos nos encontramos con situaciones que aún siendo conscientes de no querer hacer algo, cedemos y decimos que sí a cosas que no nos apetecen o no nos parecen bien. Esto puede ser debido a la falta de autoestima, al miedo a ser rechazado, al agotamiento, a la intimidación de la otra persona etc. Y esto lo llevamos a muchos ámbitos de la vida: social, laboral e incluso familiar.

De lo que hoy hablamos es de la importancia de decir NO cuando se trata de educar a los niños. Hablamos de la importancia de los límites.

Cuando preguntas a un padre/madre el porqué de consentir a su hijo escuchas argumentos como “quiero darle lo que yo nunca tuve”, “para mi niño quiero lo mejor”, “quiero que sea feliz”… Pero pretender que los niños sean felices a toda costa es un objetivo erróneo.

A medida que el niño se va desarrollando aprende límites, normas, lo que se puede hacer y lo que no.

Este aprendizaje  podemos decir que es “un tira y afloja” donde los niños tienden a poner a los padres a prueba para conseguir lo que quieren. Y aquí viene la importancia de la palabra NO. Porque todo no puede ser SI.

Un niño que no conoce los límites se convierte en un pequeño dictador que cree que todo el mundo tiene que hacer lo que el desea y se enfurece cuando no consigue lo que quiere. Rabietas, falsos dolores de barriga, berrinches, rechazo a la comida o al sueño, insultos, violencia física en casos más extremos… son los comportamientos de estos pequeños tiranos. Para evitar estas coductas es importante que el niño siga unas normas y para que estas sean efectivas os presento 5 pautas útiles para el día a día:

Eres su modelo a seguir: los niños aprenden por imitación así que si le dices que no diga palabrotas, que lea, que se siente bien a la mesa, que no grite… debes hacer lo mismo.

No cambies las normas: Estas deben ser bien meditadas para no cambiarlas. Si hoy dices A y mañana B el niño se sentirá confuso y no sabrá a que atenerse.

Ojo al refuerzo positivo: No centres toda tu atención en lo que el niño hace mal, cuando haga las cosas bien es importante que se lo digas “qué habitación tan ordenada”, “qué bien hiciste los deberes”… Esto causará una sensación de satisfacción en el niño y tenderá a repetir las buenas conductas puesto que les gusta que sus padres se enorgullezcan de ellos.

Calma: Cuando perdemos la calma le estamos transmitiendo al niño que puede con nosotros. Por ello aunque estés al límite debes calmarte y decir las cosas de una manera educada, sin levantar la voz y dándole a entender quién tiene el control de la situación.

No levantes los castigos: Los castigos deben ser equitativos al incumplimiento de las normas ya que si ponemos un castigo desproporcionado tendemos a levantarlo. Para evitar esto debemos  meditar el castigo (sin demorarlo en el tiempo) así será efectivo. Si lo levantamos el niño aprende que el chantaje emocional funciona.

Entre los padres, consenso: Es interesante que la pareja hable de la educación de sus hijos a solas, nunca delante de ellos. Si tu pareja ha dicho que se pueden comer unas galletas cerca de la hora de la cena y tú no estás de acuerdo, no lo desautorices delante de los niños, tendrás tiempo después para hablarlo más tarde. La pareja debe remar en la misma dirección.

 

¿Estas pautas las conocíais? ¿las usáis con frecuencia? ¿cuál es la más difícil de cumplir para vosotros?

Me gustaría saber 🙂

 

P.D: Un libro interesante y una actividad en familia.

 

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El arte de ser optimista

El optimismo está de moda.

Ahora conferenciantes, agencias de publicidad, blogueros/as, estudios de diseño gráfico y un largo etcétera se ha sumado a acercar el optimismo a la población. Pero es una moda que no todo el mundo sigue. Una pena porque está demostrado científicamente que el optimismo tiene beneficios psicológicos, físicos e incluso económicos. La prestigiosa clínica Mayo concluyó que los optimistas viven un 19% más (y me atrevería a decir mejor) que los pesimistas. Además los optimistas se recuperan con mayor rapidez y tienden a tener menos complicaciones después de una operación.

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Pero, ¿sabernos realmente lo que es el optimismo?

El optimismo está relacionado con la responsabilidad que asumimos o no las personas ante aquello que nos ocurre. No se trata de negar la realidad sino de cuestionarse qué y/o por qué sucede para mejorar o cambiar una situación.

Por ello las emociones más presentes en una persona optimista son el entusiasmo, la confianza, la valentía, la esperanza. El optimista mira de frente a los errores y los ve como una oportunidad para aprender, no como un fracaso como sería el caso de los pesimistas. Estas emociones generan una actitud positiva ante la vida, lo que nos hace más FELICES.

A continuación veremos unas cuantas diferencias entre optimistas y pesimistas.

Autopercepción:

Optimista tiende a percibir los aspectos positivos de sí mismo, de los demás y de la realidad que le rodea.

Pesimista se concentra en los aspectos negativos, tanto de su personalidad como de los demás y de la realidad.

Autorealización:

Optimistas tienden a ser más perseverantes por lo que tienden a ver realizados sus proyectos.

Pesimista tiene un mayor riesgo de sufrir problemas emocionales. Sufren frecuentemente sentimientos de culpa e impotencia lo que facilita la sensación de fracaso y la percepción de imposibilidad de cambio.

Ante situaciones generadoras de estrés:

Optimista tiene estados de ánimo menos negativos lo que se refleja en un mejor sistema inmunológico.

Pesimista tiende darse por vencido en mayor medida y tiene estados de ánimo negativos que afecta a su salud.

Son muchos más e innumerables los beneficios de ver la vida de una manera optimista. Y es tarea de este blog dar pautas/orientaciones sobre como aprender a ser más optimista, porque con optimismo se nace pero también se hace.

Yo no sé ustedes, pero yo ya estoy convencida.