Mandalas: mi nueva afición

Hoy os quiero hablar de una técnica que me parece muy completa ya que fomenta la creatividad, potencia la atención y la relajación. Se trata de pintar Mandalas. Estas imágenes que según la cosmología budista son una representación simbólica del universo tienen por objetivo fomentar la concentración y aportar reflexión y serenidad.

Muchas veces los adultos nos sentimos abrumados, estresados por el día a día, cosa que transmitimos a los niños. Por ello colorear mandalas puede ser una actividad estupenda para realizar en familia.

 

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¿Cómo se colorea un mandala?


  1. Estar en un lugar tranquilo y cómodo. Podemos optar por acompañar la actividad con música, lo que nos hará más receptivos (aunque no es necesario).
  2. Observar unos minutos el mandala y concentrarse en él.
  3. Coger los colores y empezar a colorear.

 

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No importa  el orden para comenzar a colorear. Se dice que si empezamos a colorear de dentro hacia los bordes estaremos mostrando cómo nos sentimos, si por el contrario lo hacemos de fuera hacia dentro estaremos centrándonos, aclarándonos la mente.

De cualquier manera, en el momento que coloreamos un mandala estamos dándole a nuestra mente un momento de tranquilidad, dejando fluir nuestra imaginación.

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Mi primer mandala

 

 

Beneficios


Potencia la creatividad e imaginación

Aporta serenidad y tranquilidad

Potencia la concentración

Desarrolla la paciencia

 

Con los mandalas también trabajamos la destreza y la motricidad fina, por lo que es un buen recurso para trabajar tanto con niños como con personas mayores.

Los mandalas los podréis encontrar en libros, internet o los podéis dibujar vosotros mismos (eso en base a vuestra soltura con el dibujo). Yo los descargo de internet y los imprimo para pintarlos después con acuarelas pero los más pequeños pueden iniciarse con lápices o temperas. Además hay mandalas específicos para niños.

 

¿Qué os han parecido? ¿Los conocíais? ¿Los usáis? Me gustaría saber

 

7 cosas que debería hacer un buen gerocultor

 

 

 

 

 

A lo largo de mi experiencia profesional he podido trabajar con personas inmigrantes, menores con dificultades de aprendizaje, personas con algún tipo de discapacidad… pero no había tenido oportunidad de trabajar con personas mayores.  Eso cambió hace unas semanas y puedo decir que ha sido una experiencia muy gratificante.

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Y para un óptimo trabajo con mayores, he decidido elaborar unas pautas para que el trabajo del gerocultor, PASS o TASS sea lo más acertado posible.

1. Comunica la tarea que vayas a realizar con el usuario: Es importante que la persona con la que tratemos sepa lo que vamos a hacer. No es de agrado que movamos a la persona de sitio sin que sepa a dónde la llevamos, que la aseemos sin decir nada etc. Ej:  “Vamos al baño”, “le acompaño a la ducha”… 

2. Sé amable y educado: Debemos de tener en cuenta que trabajamos con personas, por ello, debemos de tratar a los usuarios de una manera educada y cercana. Expresiones como  “¿Cómo se encuentra hoy?” “Que aproveche” son cuestiones que hacen más agradable el día. Di buenos días/buenas tardes y despídete con un “Hasta mañana”. Y si se acompaña de una sonrisa, ¡pues mucho mejor!

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3. Ten paciencia: Los minutos están encima y el trabajo corre prisa pero no debemos de enfadarnos si la persona hace las cosas a su ritmo. Se debe promover la autonomía del usuario y sólo se consigue dejando hacer las cosas por él mismo (en la medida de lo posible). Este punto es  importante de cara al envejecimiento activo.

4. Sé respetuoso: Dirígete el usuario de una manera correcta. Hay personas a las que no les gusta que las tuteen como también se da el caso de que hay otras a las que no les gusta que se les trate de usted. Por eso  el usuario es quien debe decidir cómo quiere que se le llame.

Mal: Vamos abuelito, levántese de la silla.

Mal: Peque al taller de risoterapia.

 Bien: ¿Manuel a usted le apetece ir a gimnasia?

 5. No hagas comentarios delante del usuario como si este no estuviese delante: A veces pensamos que las personas que no se pueden comunicar verbalmente no reciben los mensajes que se dicen a su alrededor, por ello podemos caer en el error de hablar de ellos como si no estuviesen presentes. El oído es el último sentido que pierde una persona (si no está afectado por alguna patología) así que es relevante tener esto en cuenta si no queremos herir a la persona.

 6. No grites: Para una correcta comunicación debemos de situarnos enfrente de la persona y a la misma altura para que pueda vernos vocalizar, hablar de una manera sencilla y sin elevar demasiado el tono de voz.

7. Respeta su intimidad y espacio personal: Cada persona tiene derecho a su intimidad y a sus momentos a solas, por ello el profesional sociosanitario debe cerrar puertas para ayudar a la intimidad, pedir permiso para entrar etc.

Y con esto me despido. Tengo otro proyecto sobre optimismo, pero eso os lo cuento más adelante.